7 de abril de 2026

Una jornada de puertas abiertas no es un folleto andante

Las familias recuerdan el aula donde alguien les explicó un módulo con un ejercicio encima de la mesa, no el roll-up de la entrada. Cómo preparar esa escena si va a haber prensa.

En más de una jornada hemos visto el mismo error de partida: el equipo de captación coloca todos los carteles en el vestíbulo y deja las aulas como si no fueran a usarse. El visitante entra, recoge un díptico y se va sin haber oído a un docente explicar un ejercicio. Para quien cubre el acto, el vestíbulo es ruido visual; la noticia está en el taller de soldadura, en el laboratorio de dietética o en el aula de piano, según el centro.

Antes de invitar a un medio —o a una redacción como la nuestra— conviene decidir qué tres espacios pueden visitarse sin interrumpir un examen. Un plano con horarios de paso evita que la redactora se quede atrapada en la cola del café institucional. También ayuda un portavoz que no sea el mismo que reparte bolígrafos: alguien capaz de decir cuántas plazas quedan en el ciclo, no solo que ‘el ambiente es familiar’.

Las cifras de matrícula del año anterior, el porcentaje de alumnado que llega de otro municipio y el número de plazas de prácticas son datos que las familias piden en voz alta. Si el centro no los tiene a mano, la crónica los omitirá o los dejará en un ‘el centro no precisó’. Ninguna de las dos opciones sirve a la captación.

Los menores en imagen merecen un protocolo escrito, no un gesto improvisado en el pasillo. Pedimos consentimientos por grupo y una zona de aula donde no se fotografíe a quien no haya firmado. Ese límite no empobrece la pieza: obliga a mirar las manos sobre el pupitre, el material, el encerado.

Si la jornada incluye una mesa con empresas colaboradoras, dígase con claridad qué hacen esas empresas en las prácticas. Un stand sin interlocutor convierte la feria interna en decorado. Quien escribe se irá a la charla del departamento de orientación, que suele ser el único sitio donde alguien habla de notas de corte y de becas de transporte.

El día después, el centro suele pedir ‘un poco más de visibilidad del lema’. Ese no es un ajuste de estilo: es cambiar el género. Una crónica puede citar el lema una vez. Si el encargo era publicidad, hay que decirlo antes, no a las once de la noche sobre el borrador.

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